¡Cuántas cosas han pasado desde que había decidido empezar este blog. Tal vez mis notas no van a ser muy frecuentes, pero no lo pienso abandonar.

No tiene mucho sentido hacer recuento de los acontecimientos de este año. Pero sí, vale la pena de hacer algunos comentarios sobre la situación actual.

Muchos meses se había discutido la cuestión, si la economía mundial entraba en una recesión, en una crisis o sólo en algunas dificultades financieras menores.

Esa discusión ya perdió todo sentido. Ya no cabe duda: entramos en una crisis cuya escala nadie se anima a predecir. Pero está claro que va a ser prologada y profunda.

Es difícil estimar su amplitud en distintas regiones del mundo. Se dijo, por ejemplo, que en cuanto a América Latina los países más perjudicados van a ser México (por ser socio minoritario de EE.UU.), Venezuela (por la baja en los precios de petróleo) y los países que no tienen reservas (Bolivia, Ecuador, países centroamericanos).

No está claro, cómo va a comportarse la Unión Europea. Pero en Alemania los fabricantes de automóviles (BMW, Mercedes) ya se apuraron en reducir la producción.

Tampoco es fácil evaluar, qué pasará con la China. De un lado, su comercio exterior está orientado a los mercados occidentales, norteamericano principalmente. ¿Van a comprar ahora menos la chuchería china de baja calidad o, al revés, más?

El principal actor de este fenómeno económico es, sin duda, Estados Unidos. Su política crediticia sin criterio ni frenos, el uso abusivo de la imprenta y la paulatina transformación de su economía –en tiempos remotos productiva- en un instrumento en manos de una banda de especuladores inescrupulosos no pudieron no llevarlos a lo que ellos tienen hoy en día.

La cuestión no es si el Congreso norteamericano va a ayudar o no a los “tres grandes” de la industria automotriz. Por supuesto, al final de todo les va a ayudar con el dinero de los contribuyentes.

Es una paradoja: los que tienen ahora más dificultades con sus hipotecas y gastos cotidianos tendrán que dar un salvavidas a unos grandes quienes demostraron su incapacidad de llevar adelante su negocio.

Bueno, a cambio los contribuyentes norteamericanos tendrán la consolación que los presidentes de las “tres grandes” de ahora en adelante prometen vivir con el sueldo anual de un dólar…